La Unión Europea
La reconstrucción
europea se combinó con el proceso de unificación de los países miembros de este
continente, la mayor parte de los cuales hoy componen la Unión Europea. Durante
siglos Europa fue escenario de frecuentes y sangrientas guerras, aunque hubo un
largo período de paz desde la caída de Napoleón I (1815) hasta la Primera
Guerra Mundial. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, Francia tenía fuertes
recelos en relación con la recuperación de Alemania impulsada por Estados
Unidos. Al mismo tiempo, en algunos círculos políticos e intelectuales era
atractiva la idea de una unidad europea que operara como muro ante posibles
conflictos armados.
Desde diferentes
grupos y personalidades se abrió paso un movimiento que impulsaba la creación
de los Estados Unidos de Europa. La iniciativa contó a su favor con la
experiencia de la resistencia antifascista, que había vinculado a quienes en
distintos países rechazaron el nazi-fascismo. En las organizaciones regionales
y nacionales que propusieron una asociación supranacional desempeñaron un papel
destacado antiguos militantes de la Resistencia. La empresa de construir una
entidad supranacional de carácter político estuvo marcada por una serie de
obstáculos: por un lado, las rivalidades nacionales, ya que tanto Churchill
como De Gaulle pretendían que su país asumiera el liderazgo de la nueva
organización. Por otro lado, las divergencias entre los grupos y los partidos
que adherían a la iniciativa respecto de la naturaleza de la futura comunidad:
cómo habría de organizarse políticamente o cuál sería su aporte económico.
Finalmente, en mayo de 1949 los representantes de Bélgica, Dinamarca, Francia,
Gran Bretaña, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos y Suecia
aprobaron el estatuto de un Consejo de Europa, al que luego se sumaron Grecia
(1949), Turquía (1949), Islandia (1950), la República Federal de Alemania
(1950), Austria (1956), Chipre (1961), Suiza (1963) y Malta (1965). En la
actualidad lo integran 47 países europeos. La asamblea europea que dispuso su
creación elaboró una Carta de los Derechos Humanos y dispuso la creación de un
Tribunal Europeo. Sin embargo, el Consejo carece de atribuciones en el campo de
la cooperación económica y militar, ya que en ese caso ni Gran Bretaña ni otros
Estados como Suecia, y más tarde Austria o Suiza hubiesen tomado parte en él.
Aunque la vinculación lograda resultó débil, políticamente expresó el interés
por forjar un campo común entre los países que compartían determinadas
concepciones: la defensa del sistema democrático y el compromiso con el respeto
de los derechos humanos.
Paralelamente, los
gobiernos europeos desarrollaron formas de cooperación interestatal en el plano
económico y militar mediante la formación de organismos específicos. En 1948 se
creó la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE), para el
manejo de los fondos del Plan Marshall. La OECE ayudó a liberalizar el comercio
entre los Estados miembros, alentó los acuerdos monetarios, y propició la
cooperación económica en aspectos concretos. Un paso clave para la integración
fue la fundación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA). El
impulso provino de la decisión norteamericana y británica de reconstruir la
economía de Alemania occidental y de las reservas que generó en Francia y los
Estados del Benelux (Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo). Estos países
pidieron un control internacional sobre el desarrollo de la industria pesada
alemana y que se asegurara el suministro del carbón del Ruhr a sus propias
industrias. En mayo de 1950, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert
Schuman, dio forma a estas inquietudes: propuso la creación de una Alta
Autoridad abierta al ingreso de los países europeos que compartieran la idea, y
que se haría cargo de la producción francoalemana de carbón y acero. Al mes
siguiente, los gobiernos de Bélgica, la República Federal Alemana, Italia,
Luxemburgo y los Países Bajos aceptaron el Plan Schuman, pero Gran Bretaña
rehusó a hacerlo.
La Alta Autoridad
con derechos soberanos tuvo a su cargo la administración, en forma autónoma, de
la producción de acero y carbón, y tomó decisiones vinculantes para los países
asociados y para las empresas afectadas. Políticamente, la Alta Autoridad era
responsable ante una Asamblea Común integrada por diputados de los parlamentos
nacionales. En el plano financiero, disponía de sus propios medios, procedentes
de un impuesto sobre la producción de carbón y de acero de la Comunidad. En el
seno de la CECA quedaban suprimidos todos los derechos aduaneros, las
subvenciones u otras discriminaciones en relación con el carbón y el acero. La
Alta Autoridad debía fomentar la máxima producción de estos bienes a los costes
mínimos, y hacer que llegasen sin discriminación a todos los países miembros a
un precio fijado de común acuerdo. En términos económicos, la explotación
mancomunada pretendía elevar la eficiencia para lograr un mayor grado de
competitividad de la industria pesada europea respecto de la norteamericana y
la soviética, y así ganar mercados en el Tercer Mundo. En este terreno, la
economía de Europa era más complementaria con la de los países del Tercer Mundo
que la norteamericana o la soviética.
También en 1950, el
gobierno de Francia propuso la creación de una Comunidad Europea de Defensa
(CED). Este proyecto naufragó finalmente en 1954, cuando la propia Asamblea
Legislativa francesa vetó su aplicación. La CED, que implicaba una fuerte
integración militar y política, fue sustituida por la Unión Europea Occidental,
una organización que en la práctica ha estado prácticamente anulada por la
OTAN. El fracaso de la CED demostró que la unidad política y militar era aún
una utopía, pero se siguió avanzando en el terreno económico. Los ministros de
Asuntos Exteriores de Bélgica, la República Federal Alemana, Italia,
Luxemburgo, Francia y los Países Bajos firmaron el 25 de marzo de 1957 los
Tratados de Roma, por los que se creaba la Comunidad Económica Europea (CEE) y
la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM). Lo que básicamente se
aprobó fue una unión aduanera, de ahí el nombre de Mercado Común que le dio la
opinión pública a la CEE. En Roma se acordó una transición de doce años para la
total anulación de los aranceles entre los países miembros. Ante el éxito
económico asociado a la mayor fluidez de los intercambios comerciales, el plazo
transitorio se acortó y el 1 de julio de 1968 se suprimieron todas las barreras
aduaneras entre los Estados comunitarios, al mismo tiempo que se impuso un
arancel común para todos los productos procedentes de terceros países. Este
mercado común sólo incluyó la libre circulación de bienes; el movimiento de
personas, capitales y servicios siguió sufriendo importantes limitaciones. En
realidad, hubo que esperar al Acta Única de 1987 para que se diera el impulso
definitivo que llevó, en 1992, a que se estableciera un mercado unificado. Otro
elemento esencial de lo acordado en Roma fue la adopción de una Política
Agraria Común. Esencialmente, la PAC estableció la libertad de circulación de
los productos rurales dentro de la CEE, pero trabó el ingreso de estos bienes
procedentes de otros países y garantizó a los agricultores europeos un nivel de
ingresos suficiente mediante la subvención a los precios agrícolas.
La progresiva
integración económica, según sus responsables, allanaría el camino hacia el
objetivo final de la unión política. En este sentido, la CEE se dotó de una
serie de instituciones: la Comisión, el Consejo, la Asamblea Europea
(posteriormente el Parlamento), el Tribunal de Justicia y el Comité Económico
Social, cuyas competencias se fueron ampliando y haciéndose cada vez más complejas
en los diversos acuerdos que modificaron el Tratado de Roma. El principal
problema político con el que arrancó la CEE fue que un país de la importancia
del Reino Unido se mantuviera al margen. Los británicos se negaron a ingresar
porque dieron privilegio a sus relaciones con los países de la Commonwealth y
porque rechazaban subordinar su programa político y económico a organismos
supranacionales. No obstante, mientras que la CEE protagonizó un crecimiento
económico espectacular, con unas tasas de crecimiento en los años 60 claramente
superiores a las norteamericanas, Gran Bretaña continuó decayendo y amplió su
brecha negativa en comparación con los países del continente. Finalmente, en
agosto de 1961, el gobierno británico solicitó el inicio de negociaciones para
sumarse al proyecto común. Sin embargo, el jefe político francés De Gaulle,
resuelto a construir lo que él denominó “una Europa de las patrias
independiente de las dos superpotencias”, y al mismo tiempo receloso de la
estrecha vinculación británica con Washington, vetó en 1963 el ingreso
británico en la CEE.
Volvió a hacerlo
cuatro años después, cuando el ministro laborista Harold Wilson renovó la
solicitud de ingreso en la CEE. El presidente francés, pese a defender una
Europa fuerte para frenar a Washington y a Moscú, nunca creyó en una Europa
unida políticamente. Para De Gaulle, la acabada autonomía nacional francesa era
una cuestión innegociable. En 1973, nació la Europa de los Nueve, con el
ingreso del Reino Unido (ya no estaba De Gaulle para impedirlo), junto con
Dinamarca e Irlanda.
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