sábado, 17 de diciembre de 2011

La Unión Europea

 

 

La Unión Europea

 

La reconstrucción europea se combinó con el proceso de unificación de los países miembros de este continente, la mayor parte de los cuales hoy componen la Unión Europea. Durante siglos Europa fue escenario de frecuentes y sangrientas guerras, aunque hubo un largo período de paz desde la caída de Napoleón I (1815) hasta la Primera Guerra Mundial. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, Francia tenía fuertes recelos en relación con la recuperación de Alemania impulsada por Estados Unidos. Al mismo tiempo, en algunos círculos políticos e intelectuales era atractiva la idea de una unidad europea que operara como muro ante posibles conflictos armados.

Desde diferentes grupos y personalidades se abrió paso un movimiento que impulsaba la creación de los Estados Unidos de Europa. La iniciativa contó a su favor con la experiencia de la resistencia antifascista, que había vinculado a quienes en distintos países rechazaron el nazi-fascismo. En las organizaciones regionales y nacionales que propusieron una asociación supranacional desempeñaron un papel destacado antiguos militantes de la Resistencia. La empresa de construir una entidad supranacional de carácter político estuvo marcada por una serie de obstáculos: por un lado, las rivalidades nacionales, ya que tanto Churchill como De Gaulle pretendían que su país asumiera el liderazgo de la nueva organización. Por otro lado, las divergencias entre los grupos y los partidos que adherían a la iniciativa respecto de la naturaleza de la futura comunidad: cómo habría de organizarse políticamente o cuál sería su aporte económico. Finalmente, en mayo de 1949 los representantes de Bélgica, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos y Suecia aprobaron el estatuto de un Consejo de Europa, al que luego se sumaron Grecia (1949), Turquía (1949), Islandia (1950), la República Federal de Alemania (1950), Austria (1956), Chipre (1961), Suiza (1963) y Malta (1965). En la actualidad lo integran 47 países europeos. La asamblea europea que dispuso su creación elaboró una Carta de los Derechos Humanos y dispuso la creación de un Tribunal Europeo. Sin embargo, el Consejo carece de atribuciones en el campo de la cooperación económica y militar, ya que en ese caso ni Gran Bretaña ni otros Estados como Suecia, y más tarde Austria o Suiza hubiesen tomado parte en él. Aunque la vinculación lograda resultó débil, políticamente expresó el interés por forjar un campo común entre los países que compartían determinadas concepciones: la defensa del sistema democrático y el compromiso con el respeto de los derechos humanos.

Paralelamente, los gobiernos europeos desarrollaron formas de cooperación interestatal en el plano económico y militar mediante la formación de organismos específicos. En 1948 se creó la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE), para el manejo de los fondos del Plan Marshall. La OECE ayudó a liberalizar el comercio entre los Estados miembros, alentó los acuerdos monetarios, y propició la cooperación económica en aspectos concretos. Un paso clave para la integración fue la fundación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA). El impulso provino de la decisión norteamericana y británica de reconstruir la economía de Alemania occidental y de las reservas que generó en Francia y los Estados del Benelux (Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo). Estos países pidieron un control internacional sobre el desarrollo de la industria pesada alemana y que se asegurara el suministro del carbón del Ruhr a sus propias industrias. En mayo de 1950, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, dio forma a estas inquietudes: propuso la creación de una Alta Autoridad abierta al ingreso de los países europeos que compartieran la idea, y que se haría cargo de la producción francoalemana de carbón y acero. Al mes siguiente, los gobiernos de Bélgica, la República Federal Alemana, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos aceptaron el Plan Schuman, pero Gran Bretaña rehusó a hacerlo.

La Alta Autoridad con derechos soberanos tuvo a su cargo la administración, en forma autónoma, de la producción de acero y carbón, y tomó decisiones vinculantes para los países asociados y para las empresas afectadas. Políticamente, la Alta Autoridad era responsable ante una Asamblea Común integrada por diputados de los parlamentos nacionales. En el plano financiero, disponía de sus propios medios, procedentes de un impuesto sobre la producción de carbón y de acero de la Comunidad. En el seno de la CECA quedaban suprimidos todos los derechos aduaneros, las subvenciones u otras discriminaciones en relación con el carbón y el acero. La Alta Autoridad debía fomentar la máxima producción de estos bienes a los costes mínimos, y hacer que llegasen sin discriminación a todos los países miembros a un precio fijado de común acuerdo. En términos económicos, la explotación mancomunada pretendía elevar la eficiencia para lograr un mayor grado de competitividad de la industria pesada europea respecto de la norteamericana y la soviética, y así ganar mercados en el Tercer Mundo. En este terreno, la economía de Europa era más complementaria con la de los países del Tercer Mundo que la norteamericana o la soviética.

También en 1950, el gobierno de Francia propuso la creación de una Comunidad Europea de Defensa (CED). Este proyecto naufragó finalmente en 1954, cuando la propia Asamblea Legislativa francesa vetó su aplicación. La CED, que implicaba una fuerte integración militar y política, fue sustituida por la Unión Europea Occidental, una organización que en la práctica ha estado prácticamente anulada por la OTAN. El fracaso de la CED demostró que la unidad política y militar era aún una utopía, pero se siguió avanzando en el terreno económico. Los ministros de Asuntos Exteriores de Bélgica, la República Federal Alemana, Italia, Luxemburgo, Francia y los Países Bajos firmaron el 25 de marzo de 1957 los Tratados de Roma, por los que se creaba la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM). Lo que básicamente se aprobó fue una unión aduanera, de ahí el nombre de Mercado Común que le dio la opinión pública a la CEE. En Roma se acordó una transición de doce años para la total anulación de los aranceles entre los países miembros. Ante el éxito económico asociado a la mayor fluidez de los intercambios comerciales, el plazo transitorio se acortó y el 1 de julio de 1968 se suprimieron todas las barreras aduaneras entre los Estados comunitarios, al mismo tiempo que se impuso un arancel común para todos los productos procedentes de terceros países. Este mercado común sólo incluyó la libre circulación de bienes; el movimiento de personas, capitales y servicios siguió sufriendo importantes limitaciones. En realidad, hubo que esperar al Acta Única de 1987 para que se diera el impulso definitivo que llevó, en 1992, a que se estableciera un mercado unificado. Otro elemento esencial de lo acordado en Roma fue la adopción de una Política Agraria Común. Esencialmente, la PAC estableció la libertad de circulación de los productos rurales dentro de la CEE, pero trabó el ingreso de estos bienes procedentes de otros países y garantizó a los agricultores europeos un nivel de ingresos suficiente mediante la subvención a los precios agrícolas.

La progresiva integración económica, según sus responsables, allanaría el camino hacia el objetivo final de la unión política. En este sentido, la CEE se dotó de una serie de instituciones: la Comisión, el Consejo, la Asamblea Europea (posteriormente el Parlamento), el Tribunal de Justicia y el Comité Económico Social, cuyas competencias se fueron ampliando y haciéndose cada vez más complejas en los diversos acuerdos que modificaron el Tratado de Roma. El principal problema político con el que arrancó la CEE fue que un país de la importancia del Reino Unido se mantuviera al margen. Los británicos se negaron a ingresar porque dieron privilegio a sus relaciones con los países de la Commonwealth y porque rechazaban subordinar su programa político y económico a organismos supranacionales. No obstante, mientras que la CEE protagonizó un crecimiento económico espectacular, con unas tasas de crecimiento en los años 60 claramente superiores a las norteamericanas, Gran Bretaña continuó decayendo y amplió su brecha negativa en comparación con los países del continente. Finalmente, en agosto de 1961, el gobierno británico solicitó el inicio de negociaciones para sumarse al proyecto común. Sin embargo, el jefe político francés De Gaulle, resuelto a construir lo que él denominó “una Europa de las patrias independiente de las dos superpotencias”, y al mismo tiempo receloso de la estrecha vinculación británica con Washington, vetó en 1963 el ingreso británico en la CEE.

Volvió a hacerlo cuatro años después, cuando el ministro laborista Harold Wilson renovó la solicitud de ingreso en la CEE. El presidente francés, pese a defender una Europa fuerte para frenar a Washington y a Moscú, nunca creyó en una Europa unida políticamente. Para De Gaulle, la acabada autonomía nacional francesa era una cuestión innegociable. En 1973, nació la Europa de los Nueve, con el ingreso del Reino Unido (ya no estaba De Gaulle para impedirlo), junto con Dinamarca e Irlanda.

 

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