LA GUERRA FRÍA
Al finalizar la
Segunda Guerra Mundial no llegó a concretarse un tratado de paz ya que, de
forma muy rápida, la Gran Alianza dio paso a la Guerra Fría. El escenario
mundial quedó marcado por la rivalidad entre las dos principales potencias,
Estados Unidos y la Unión Soviética, que se lanzaron a una frenética carrera
armamentista, pero sin llegar nunca al campo de batalla de manera abierta y
directa. Si bien el núcleo central del nuevo escenario, la llamada Guerra Fría,
lo constituyó la rivalidad estratégica entre las dos superpotencias, localizada
inicialmente en el territorio europeo y con alcances mundiales después. Es
conveniente articular ese enfrentamiento con otras dimensiones. Por un lado,
con la lucha anticolonial que, aunque dependió en parte de la existencia de los
dos bloques, tuvo su propia dinámica y dio paso a un nuevo actor: el Tercer
Mundo, con destacada importancia en curso seguido por la Guerra Fría. Por otro
lado, con el modo en que los países europeos se amoldaron, cuestionaron o bien
resistieron, ya sea, el predominio de Washington en el caso de Europa Occidental,
o la sujeción a Moscú en Europa del Este.
En el paso de la
Gran Alianza a la Guerra Fría, Europa quedó partida en dos: la zona occidental
bajo el liderazgo de EE.UU, y la región centro oriental sometida a las directrices
de la URSS. Con el triunfo de los comunistas en China en 1949 y al calor de las
luchas anticolonialistas, los principales focos de tensión se localizaron en el
Tercer Mundo. Si bien en los conflictos desplegados en este nuevo escenario
incidió la rivalidad de las dos superpotencias, los mismos fueron procesados a
través de factores y decisiones singulares, o sea no es posible explicarlos
sólo como resultado de la existencia de dos bloques en pugna.
Desde la quiebra de
la Gran Alianza en 1947 hasta la disolución del bloque soviético en 1989, la
Guerra Fría siguió un curso zigzagueante. Entre 1947 y 1953 la desconfianza y
las tensiones entre los dos grandes centros de poder llegaron hasta el punto de
que se temió el estallido de una tercera guerra mundial: fue el momento de la plena
Guerra Fría. A partir de 1953, aunque con oscilaciones, se avanzó hacia la
distensión que tuvo su máxima expresión en la conferencia de Helsinki en 1975.
La mayor parte de esta etapa coincidió con el período de crecimiento económico,
“los años dorados”. A finales de los ‘70, cuando la crisis económica, ya
evidente en el capitalismo pero aún soterrada en el régimen soviético, cerraba
el ciclo de expansión, volvió a exacerbarse la tensión entre las superpotencias
y la distensión dio paso a la Segunda Guerra Fría. Con la designación de Mijaíl
Gorbachov al frente del gobierno de la Unión Soviética en 1985 se reanudó el
diálogo entre las dos superpotencias. La crisis de los regímenes soviéticos de
Europa del este en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991 clausuraron el
orden bipolar distintivo de la Guerra Fría.
En relación con el
carácter multidimensional de la Guerra Fría, la caracterización de cada una de
estas etapas incluye tres cuestiones: el grado de animadversión o de
disposición al diálogo entre las dos grandes potencias, las relaciones entre
los países de cada bloque y la potencia dominante y, por último, las luchas por
la liberación nacional junto con la emergencia del Tercer Mundo.
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