sábado, 17 de diciembre de 2011

LA GUERRA FRÍA

  

LA GUERRA FRÍA

 

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial no llegó a concretarse un tratado de paz ya que, de forma muy rápida, la Gran Alianza dio paso a la Guerra Fría. El escenario mundial quedó marcado por la rivalidad entre las dos principales potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, que se lanzaron a una frenética carrera armamentista, pero sin llegar nunca al campo de batalla de manera abierta y directa. Si bien el núcleo central del nuevo escenario, la llamada Guerra Fría, lo constituyó la rivalidad estratégica entre las dos superpotencias, localizada inicialmente en el territorio europeo y con alcances mundiales después. Es conveniente articular ese enfrentamiento con otras dimensiones. Por un lado, con la lucha anticolonial que, aunque dependió en parte de la existencia de los dos bloques, tuvo su propia dinámica y dio paso a un nuevo actor: el Tercer Mundo, con destacada importancia en curso seguido por la Guerra Fría. Por otro lado, con el modo en que los países europeos se amoldaron, cuestionaron o bien resistieron, ya sea, el predominio de Washington en el caso de Europa Occidental, o la sujeción a Moscú en Europa del Este.

En el paso de la Gran Alianza a la Guerra Fría, Europa quedó partida en dos: la zona occidental bajo el liderazgo de EE.UU, y la región centro oriental sometida a las directrices de la URSS. Con el triunfo de los comunistas en China en 1949 y al calor de las luchas anticolonialistas, los principales focos de tensión se localizaron en el Tercer Mundo. Si bien en los conflictos desplegados en este nuevo escenario incidió la rivalidad de las dos superpotencias, los mismos fueron procesados a través de factores y decisiones singulares, o sea no es posible explicarlos sólo como resultado de la existencia de dos bloques en pugna.

Desde la quiebra de la Gran Alianza en 1947 hasta la disolución del bloque soviético en 1989, la Guerra Fría siguió un curso zigzagueante. Entre 1947 y 1953 la desconfianza y las tensiones entre los dos grandes centros de poder llegaron hasta el punto de que se temió el estallido de una tercera guerra mundial: fue el momento de la plena Guerra Fría. A partir de 1953, aunque con oscilaciones, se avanzó hacia la distensión que tuvo su máxima expresión en la conferencia de Helsinki en 1975. La mayor parte de esta etapa coincidió con el período de crecimiento económico, “los años dorados”. A finales de los ‘70, cuando la crisis económica, ya evidente en el capitalismo pero aún soterrada en el régimen soviético, cerraba el ciclo de expansión, volvió a exacerbarse la tensión entre las superpotencias y la distensión dio paso a la Segunda Guerra Fría. Con la designación de Mijaíl Gorbachov al frente del gobierno de la Unión Soviética en 1985 se reanudó el diálogo entre las dos superpotencias. La crisis de los regímenes soviéticos de Europa del este en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991 clausuraron el orden bipolar distintivo de la Guerra Fría.

En relación con el carácter multidimensional de la Guerra Fría, la caracterización de cada una de estas etapas incluye tres cuestiones: el grado de animadversión o de disposición al diálogo entre las dos grandes potencias, las relaciones entre los países de cada bloque y la potencia dominante y, por último, las luchas por la liberación nacional junto con la emergencia del Tercer Mundo.

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