La Gran Alianza (1941-1945)
Durante el año que
medió entre la derrota de Francia y la invasión a la Unión Soviética, el Reino
Unido fue el único país que enfrentó al nazismo. El primer ministro Winston
Churchill fue consciente desde un principio de que necesitaba el respaldo de
Estados Unidos, y el presidente Franklin Delano Roosevelt se comprometió con el
esfuerzo de los británicos. En marzo de 1941, el Congreso norteamericano aprobó
la ley de Préstamo y Arriendo. El presidente podía vender o alquilar todo tipo
de material a cualquier Estado considerado clave para la seguridad nacional.
Como resultado de esta medida la economía estadounidense adaptó su producción a
las necesidades de la guerra un año antes de declararla, y puso al alcance de
sus aliados unos 50.000 millones de dólares en armas, servicios y alimentos.
En agosto de ese año
tuvo lugar un encuentro entre ambos gobernantes en el que aprobaron la Carta
del Atlántico. En este documento declararon que sus países no buscaban ningún
engrandecimiento territorial o de otro tipo, que respetarían las decisiones
democráticas de los pueblos y que se esforzarían por extender el libre comercio
y asegurar mejoras en las condiciones de trabajo. Con el inicio de la Operación
Barbarroja en junio de 1941, Washington y Londres manifestaron su interés en
colaborar con los soviéticos. Comenzaba a forjarse la Gran Alianza que
encabezarían Iósif Stalin (presidente del Consejo de
Ministros de la URSS), Winston Churchill (primer ministro de Gran Bretaña), y
Franklin Roosevelt (presidente de EE.UU) a partir del ingreso de Estados Unidos
al campo de batalla en diciembre de 1941. La expansión arrolladora y despiadada
de los nazis hizo posible que los dirigentes de las democracias liberales y del
comunismo aunaran sus fuerzas contra el enemigo común.
Desde finales de
1941 hasta la conclusión del conflicto se concretaron una serie de entrevistas,
entre las que se destacan: la conferencia de Teherán (noviembre de 1943) y la
de Yalta (febrero de 1945), con la presencia de Roosevelt, Stalin y Churchill,
y la de Potsdam (julio-agosto de 1945), con Harry Truman (el vicepresidente de
Roosevelt, quien había muerto el 12 de abril), Stalin y el dirigente laborista
Clement Attlee (reemplazó a Churchill en virtud de la derrota electoral de los
conservadores). Las negociaciones entre los tres mandatarios incluyeron
cuestiones referidas a la forma de conducir la guerra, a la reorganización
territorial y política del mundo, especialmente de Europa, una vez derrotada
Alemania, y a la creación de un sistema capaz de garantizar la preservación de
la paz.
Cuando se reunieron
en Yalta, la situación favorecía claramente a Stalin. En esta conferencia se
acordaron cinco resoluciones principales: el tratamiento dado a los dos
protagonistas del Eje, Alemania y Japón; la creación de la ONU, la declaración
de principios sobre la Europa liberada y, por último, las fronteras y la
composición del gobierno de la nueva Polonia. Se acordó que Alemania fuera
desmilitarizada y dividida en cuatro zonas a ser ocupadas por la Unión
Soviética (este), Estados Unidos (sudoeste), Gran Bretaña (noroeste) y Francia
(oeste). Los comandantes militares de las cuatro zonas de ocupación integrarían
el Consejo Supremo de Control, autoridad suprema interaliada. La delimitación
de las cuatro zonas fue concebida en términos administrativos; en aquel momento
ninguno de los líderes reunidos pensó en una división política de la potencia
derrotada. Se aprobó el pago de altas reparaciones de guerra por parte de los
alemanes y se dispuso que los principales criminales de guerra nazis fuesen
juzgados por un tribunal internacional, los futuros juicios de Nüremberg[1].
En relación con
Asia, un protocolo secreto estableció que la Unión Soviética entraría en guerra
contra Japón después del fin de las hostilidades en Europa. Una vez derrotados
los japoneses, Rusia recuperaría “los derechos anteriores, violados por el
pérfido ataque del Japón en 1904”. Por otra parte, Irán quedó dividido en zonas
de influencia entre ingleses y soviéticos. En el territorio polaco, liberado y
ocupado por el Ejército Rojo, ya funcionaba un gobierno provisional avalado por
Stalin. Churchill y Roosevelt lo presionaron para que fueran incluidos miembros
del gobierno en el exilio en Londres, y para que en breve plazo se concretaran
las elecciones. Aunque Stalin accedió, no concretaría ninguna de estas medidas.
En relación con las fronteras, los gobernantes occidentales aceptaron que la
Unión Soviética avanzara sobre Polonia recuperando los territorios perdidos en
la guerra de 1921, y en compensación la frontera polaca del oeste se
desplazaría incorporando así territorios alemanes y reduciendo la extensión de
Alemania. El trazado final de esta frontera occidental sería fijado en la
conferencia de paz para hacerse cuando terminase la guerra.
A fin de concretar la
constitución de las Naciones Unidas se dispuso a convocar una reunión en San
Francisco, California, en abril de 1945. Por último, se aprobó la denominada
“Declaración sobre la Europa liberada”, en la que los tres gobernantes se
comprometieron con la reconstrucción de Europa a través de la democracia. Una
vez concretada la rendición de Alemania, los aliados se reunieron en Potsdam,
en las afueras de Berlín, para precisar la forma en que se efectuaría el cobro
de las reparaciones de guerra y al mismo tiempo definir los procedimientos que
habrían de llevar a la firma de los tratados de paz. En este encuentro el
diálogo fue menos fluido. El enemigo común había sido derrotado y las
divergencias sobre el nuevo orden europeo pasaron a primer plano, especialmente
respecto a Polonia y Alemania. Esta conferencia definió el plan de las llamadas
Cuatro D para Alemania: desnazificación, desmilitarización, democratización y
descartelización. El cobro de las reparaciones admitía la confiscación de
propiedades y bienes de capital industrial alemanes; cada potencia ocupante
obtendría su parte de la zona alemana bajo su control, en el caso de Moscú se
le permitió obtener del 10% al 15% del equipamiento industrial de las zonas
occidentales a cambio de productos agrícolas de su zona de ocupación. Las
reparaciones que correspondían a Polonia saldrían del territorio supervisado
por la Unión Soviética.
La elaboración de la
condiciones de paz para los aliados de régimen nazi (Bulgaria, Hungría, Italia,
Finlandia y Rumania) fue encomendada a los ministros de Negocios Extranjeros de
las cinco grandes potencias (Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y la
Unión Soviética). La cuestión de un tratado de paz con Alemania quedó en
paréntesis, e igualmente en el caso de Japón, que todavía estaba en guerra. Una
situación particular fue la de Austria, ya que pese a ser vista como víctima
del nazismo y reconocida su independencia, quedó dividida en zonas de ocupación
y la Comisión aliada siguió a cargo de diversas funciones, esencialmente la
desnazificación. Las elecciones tuvieron lugar en noviembre de 1945, pero
Austria continuó dividida y supervisada hasta 1955 cuando, con la firma del
Tratado de Viena, el país recuperó su independencia plena.
El proceso de
elaboración de la paz concluyó el 10 de febrero de 1947, con la firma de los
Tratados de París entre los vencedores y los países satélites de la Alemania
nazi. En cambio el desencadenamiento de la Guerra Fría impidió la firma de un
tratado de paz entre los vencedores y Berlín. Si bien en un principio hubo
coincidencias respecto de la conveniencia de reducir la capacidad industrial
alemana, ya que los grandes grupos económicos habían posibilitado la política
militarista y expansionista del régimen nazi, en poco tiempo Estados Unidos y Gran
Bretaña apostaron por la recuperación económica de Alemania como escudo del
bloque capitalista democrático frente al totalitarismo comunista. La formación
de dos bloques antagónicos llevó a unos resultados no previstos en los
encuentros entre los Aliados: la partición del país en dos Estados, la
República Federal Alemana, alineada con Estados Unidos, y la República
Democrática Alemana, bajo la órbita soviética. Recientemente, en septiembre de
1990, el Tratado 4+2, firmado por las cuatro potencias vencedoras y los dos
Estados alemanes, otorgó el acabado reconocimiento internacional a la Alemania
reunificada.
El principio general
de los tratados fue volver a las fronteras europeas de 1937, con tres excepciones
principales: la reducción del territorio de Alemania, el engrandecimiento del
territorio soviético y el “desplazamiento” del territorio polaco hacia el
oeste. Estas tres excepciones estaban estrechamente relacionadas. A pesar de
que los cambios territoriales fueron menores que tras la Primera Guerra
Mundial, se produjeron enormes traslados de población que añadieron más dolor a
un continente devastado por la guerra: supervivientes de los campos de
concentración nazis, trabajadores forzosos que habían sido trasladados al
Tercer Reich, prisioneros de guerra, alemanes y otros grupos nacionales,
ucranianos, bielorrusos, polacos, estonios, letones, lituanos, que huyeron
frente al avance del Ejército Rojo, alemanes expulsados de la Unión Soviética,
Polonia, Checoslovaquia y de otros países de Europa oriental, refugiados de
distinta procedencia.
En Asia los vencidos
fueron Japón, derrotado por los norteamericanos, y Tailandia (Siam), ocupada
por los británicos. Japón debió abandonar sus conquistas en China, Corea y la
isla de Formosa (Taiwán). Corea quedó dividida en dos zonas: los comunistas al
norte y los estadounidenses al sur. La URSS se anexionó la isla de Sajalín y
las islas Kuriles. Además, 7 millones de japoneses dispersos por el antiguo
Imperio debieron retornar al archipiélago nipón.
Pero en 1945 no se
concretó la firma de un tratado de paz. El mapa político y territorial de la
segunda posguerra no fue la expresión del reparto acordado en Yalta entre las
principales potencias: fue resultado de las posiciones logradas en los campos
de batalla, básicamente por los ejércitos de los distintos países que luchaban
contra Alemania, pero también por las acciones de los movimientos de
resistencia interior, como en los casos de Yugoslavia y de Albania. En el
destino de China, los acuerdos entre los Tres Grandes tuvieron escasa
incidencia, el triunfo de Mao se debió a la derrota de los nacionalistas en la
guerra civil.
[1] Los juicios de Nüremberg fueron celebrados
entre 1945 y 1946, en la ciudad alemana donde tuvieron lugar los congresos
anuales del Partido Nacionalsocialista. En el proceso principal, los antiguos
líderes nazis fueron acusados y juzgados como criminales de guerra por un
Tribunal Militar Internacional. La autoridad de este Tribunal emanaba del
Acuerdo de Londres, firmado el 8 de agosto de 1945 por representantes de los
EE.UU., Gran Bretaña, la URSS y el gobierno provisional de Francia, que dispuso
la constitución de un tribunal integrado por un delegado de cada uno de los
países signatarios, que juzgaría a los más importantes criminales de guerra del
Eje. Posteriormente, 19 países aceptaron el documento. El 18 de octubre de 1945
el Tribunal recibió la acusación que se basaba en cuatro cargos: 1) crímenes
contra la paz (planear, instigar y librar guerras de agresión violando los
acuerdos y tratados internacionales); 2) crímenes contra la humanidad
(exterminio, deportaciones y genocidio); 3) crímenes de guerra (violación de
las leyes de guerra), y 4) “haber planeado y conspirado para cometer” los actos
criminales anteriormente mencionados. Los argumentos de la defensa pretendieron
negar la competencia del Tribunal y poner de manifiesto la dificultad de
aplicar unas leyes con carácter retroactivo. Las acusaciones describían delitos
que no eran tales en el momento de haberse cometido, porque no existían las
leyes internacionales que habían sido creadas con posteridad. La defensa
recordó que los países acusadores mantuvieron relaciones con la Alemania de
Hitler incluso durante los primeros años de guerra, tal es el caso de los
Estados Unidos. Las leyes raciales en Alemania ya estaban vigentes cuando se
celebró la conferencia de Múnich en 1938 o el pacto ruso-germano al año
siguiente. Especialmente se hizo hincapié en la obediencia debida y en la
supuesta ignorancia por parte de los implicados en la llamada solución final.
Los jueces, sin embargo, querían sentar jurisprudencia y condenar no solo a los
jefes nazis sino a la guerra misma y a sus horrores. El juicio de Nüremberg fue
concebido para que se transformara en una norma de conducta para la humanidad,
y así poder impedir futuras tragedias. Después de 216 sesiones, el 1 de octubre
de 1946 emitió el veredicto: tres acusados fueron absueltos (Hjalmar Schacht,
Franz von Papen y Hans Fritzsche), cuatro fueron condenados a penas de entre 10
y 20 años de cárcel (Karl Dönitz, Baldur von Schirach, Albert Speer y
Konstantin von Neurath), tres fueron condenados a cadena perpetua (Rudolf Hess,
Walther Funk y Erich Raeder) y, finalmente, 12 fueron condenados a muerte. Diez
de ellos fueron ahorcados el 16 de octubre de 1946 (Hans Frank, Wilhelm Frick,
Julius Streicher, Alfred Rosenberg, Ernst Kaltenbrunner, Joachim von Ribbentrop,
Fritz Sauckel, Alfred Jodl, Wilhelm Keitel y Arthur Seyss-Inquart); Martin
Bormann fue condenado “in absentia” y Herman Göring se suicidó en su celda
antes de la ejecución. El industrial Gustav Krupp, incluido en la lista de
acusados, no fue juzgado por su edad. Existieron además una serie de juicios
llevados a cabo con posterioridad, donde se juzgó a funcionarios del Estado,
jefes del ejército, industriales alemanes, médicos, jueces. Además, los
esfuerzos de quienes, como Simón Wiesenthal y Beate Klarsfeld, no aceptaron que
hubiera criminales sin castigo, llevaron a la captura, la extradición y el
juicio de varios nazis que habían escapado de Alemania después de la guerra.
Uno de ellos fue Adolf Eichmann, procesado en Jerusalén después de haber sido
secuestrado en la Argentina en mayo de 1960 por agentes del servicio de
seguridad israelita. Eichmann fue encontrado culpable y condenado a muerte. Con
el material de Leo T. Hurwitz, quien filmó 350 horas del juicio en video, el
israelí Eyal Sivan dirigió el documental Un especialista, en 1999. En el
caso de Japón, los procesos contra los criminales de guerra estuvieron a cargo
del Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente, integrado por
jueces procedentes de los países victoriosos. Inició su labor en agosto de 1946
y fue disuelto en noviembre de 1948. Las actuaciones de este tribunal se
aplicaron solo a la jerarquía residente en Japón mismo, ya que se realizaron
juicios ad hoc en diferentes lugares de Asia contra individuos
particulares, por lo general miembros del Ejército y la Administración
japonesa. Fue muy polémica la exclusión del emperador Hirohito de los acusados.
Los aliados aceptaron el criterio del general Douglas MacArthur –comandante
supremo de las fuerzas aliadas en el Pacífico– de mantener al emperador como
garantía de estabilidad y de reconstrucción del Japón vencido. Fue el primer
emperador japonés que viajó a Europa y a Estados Unidos en los años 60. Una de
las acciones aún objeto de controversia en China y Japón es la captura de la
ciudad de Nankín por los japoneses a fines de 1937. El gobierno chino sostiene
que hubo una masacre de civiles, mientras que en Japón prevalece la opinión de
que fue una operación militar.
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