La Protesta Afroamericana
Durante la guerra,
los estadounidenses de origen africano impugnaron la discriminación en el
servicio militar y el trabajo, pero lograron limitadas conquistas. En la
posguerra profundizaron su actitud contestataria. En el sur, los negros gozaban
de pocos derechos civiles y políticos, y casi siempre de ninguno. Aquellos que
intentaban obtener su registro de votante se arriesgaban a ser golpeados,
perder el empleo o ser desalojados de sus tierras. Aún se perpetraban
linchamientos y las leyes discriminatorias imponían la segregación racial en el
empleo, los medios de transporte, restaurantes, hospitales y centros de recreo.
A partir de la experiencia de la guerra y las migraciones, la injusta posición
del negro asumió una dimensión nacional. Las nuevas posibilidades que ofrecían
las zonas industriales indujeron al desplazamiento de los negros hacia el norte
y el oeste. En algunas ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Búfalo,
Syracuse, la población de color creció en más del 100%. En este nuevo contexto,
algunos lograron mejores condiciones, pero otros vieron frustradas sus
expectativas por la discriminación de la que eran objeto. En 1943, estallaron
242 motines raciales en 47 ciudades. El más violento, en Detroit, fue reprimido
mediante la intervención de las tropas federales.
A principios del
siglo XX, un grupo de intelectuales negros norteños había organizado la
Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (ANPGC) para alcanzar
la asimilación del negro en la sociedad americana a través de la igualdad
educativa, y el reconocimiento de los derechos civiles y políticos del negro
sureño. La ANPGC contó con el apoyo de los negros de clase media y la simpatía
de blancos liberales. En la segunda posguerra la ANPGC se propuso invalidar la
doctrina judicial establecida en 1896, por la cual la segregación de los
estudiantes negros y blancos en las escuelas era constitucional si se contaba
para el efecto con instalaciones “separadas pero iguales”. En 1954, la Corte
Suprema declaró por unanimidad que “las instalaciones separadas son desiguales
por naturaleza”, y concluyó que la doctrina de “separados pero iguales” no se
podía aplicar en las escuelas públicas.
El 1 de diciembre de
1955, Rosa Parks, reconocida como la madre del Movimiento por los Derechos
Civiles, rehusó levantarse de su asiento en un autobús público para dejárselo a
un pasajero blanco, tal como marcaban las reglas de la compañía del estado de
Alabama. Rosa fue detenida. En la acción de protesta organizada por los
activistas afroamericanos intervino el joven pastor de una iglesia bautista
local: Martin Luther King. El boicot contra la compañía de autobuses duró un
año, hasta que una corte federal ordenó a la empresa levantar la reglamentación
discriminatoria. El éxito transformó a King en una figura nacional e inspiró
otros boicots de autobuses.
King, que presidía
la Conferencia Sureña de Líderes Cristianos, siempre insistió en la importancia
de actuar según valores religiosos y morales que descartaban la violencia.
Reivindicó la acción directa no violenta, como lo había hecho Gandhi en la
India. A lo largo de su militancia planteó el problema del racismo y la
desigualdad en términos morales: la segregación es mala, la integración es
buena. Los negros armados de una virtud no violenta forzarían a los blancos a
abandonar su racismo pecador o a no practicarlo abiertamente. Los
estadounidenses de origen africano se esforzaron también por asegurar su
condición de ciudadanos. Aun cuando la 15ª Enmienda a la Constitución de
Estados Unidos les reconoció el derecho a votar, muchos estados habían
encontrado la forma de neutralizar la ley, ya sea por medio de un impuesto
sobre el sufragio o con la aplicación de exámenes de lectura y escritura.
Eisenhower, con la
colaboración del senador Lyndon B. Johnson, buscó garantizar el ejercicio de
ese derecho. La ley aprobada en 1957 autorizó la intervención federal en los
casos en que a los negros se les negara la posibilidad de votar. Pero aún
subsistían muchas trabas. En la década de 1960, la lucha de los afroamericanos por
la igualdad ganó consistencia y amplió sus apoyos. En febrero de 1960, cuatro
estudiantes negros tomaron asiento en la barra de un restaurante de Carolina
del Norte. La camarera blanca los ignoró. Ellos se mantuvieron en sus asientos.
Los supervisores les dijeron que se marcharan: no se atendía a personas de
color. Los estudiantes volvieron los días subsiguientes para exigir que se les
diera el almuerzo. A lo largo del año, miles de negros y blancos,
principalmente estudiantes, comenzaron a participar en las “sentadas”. En las
filas negras, los estudiantes universitarios sureños cuestionaron la concepción
limitada de la ANPGC. Al mismo tiempo, grupos de estudiantes blancos se
incorporaron activamente en las organizaciones negras y, en 1961, se organizó
el Comité Coordinador de Estudiantes No Violentos (Student Non-violent
Coordinating Committee, SNCC), que tuvo un papel clave en la formación de
dirigentes del movimiento contra la discriminación racial.
En agosto de 1963,
más de 200.000 personas se reunieron en la capital del país para manifestar su
compromiso con la igualdad para todos. El momento culminante de la jornada
llegó cuando el pastor King pronunció su famoso discurso “Tengo un sueño”. Un
año después, recibió el Premio Nobel de la Paz, y a comienzos de 1967 se
vinculó con los dirigentes del movimiento contra la guerra de Vietnam,
independientemente de su color. En un principio, el presidente Kennedy no se
comprometió a fondo con las demandas del movimiento negro. Sin embargo, la
actitud de los segregacionistas, especialmente la violencia policial en Alabama
y la posición de su gobernador George Wallace, lo llevaron a actuar. A mediados
de 1963, el presidente reclamó a los legisladores que aprobaran la legislación
sobre los derechos civiles en un discurso que fue transmitido por radio y
televisión. Su propuesta se concretó de inmediato después de su muerte. Durante
la presidencia de Johnson, en 1964, fue sancionada la Ley de Derechos Civiles,
y al año siguiente la Ley de Derechos de los Votantes, que autorizó al gobierno
federal para registrar a los votantes en los lugares donde los funcionarios
locales se negaran. Los militantes del Comité Coordinador de Estudiantes No
Violentos asumieron decididamente la inscripción de los electores en varios
estados sureños, donde sufrieron los ataques de la policía y del Ku Klux Klan,
que actuaron conjuntamente en las palizas y el asesinato de algunos activistas.
La violencia no pudo impedir la incorporación de los negros a la vida política,
porque el gobierno central y las organizaciones de base se comprometieron con
esa causa.
En el marco de estos
cambios positivos, parte de la población de color radicalizó sus protestas,
dada su marginación económica y social. Los avances registrados en la igualdad
legal ponían de manifiesto la desigualdad en las condiciones de vida. El desempleo
entre la población de color duplicaba la media nacional, un tercio vivía por
debajo de los umbrales de la pobreza y las viviendas y escuelas de los barrios
negros eran muy inferiores a los niveles medios. En el verano de 1964
estallaron tumultos en Harlem (barrio negro de Nueva York), Rochester y
Filadelfia. Los negros atacaron los negocios de los blancos y enfrentaron a la
policía en los guetos. En agosto de 1965, en Watts (California) estalló la
violencia colectiva, que recibió una muy dura represión policial y militar. El
slogan de Watts: “¡Quema, muchacho, quema!” representó el rechazo de las masas
negras hacia la sociedad norteamericana, que se expresaría también a través de
formas de organización política propias.
Los principales
dirigentes negros, aunque deploraron públicamente la violencia, reconocieron
que el movimiento por los derechos civiles no se había hecho eco de las
necesidades de los negros de los estratos más bajos. En una columna publicada
por el New York Times en julio de 1966, Luther King destacó que «La
responsabilidad está ahora en las autoridades municipales, estaduales y
federales. En todos los hombres de poder». Si ellos continuaban usando la
no violencia como piedra libre para la inacción, «la ira de quienes han
estado sufriendo una larga cadena de abusos estallará. La consecuencia podrá
ser un desorden social permanente e incontrolable, y el desastre moral».
La desaparición de
las barreras legales para la asimilación igualitaria de los negros favoreció a
la burguesía de color, mientras que la gran mayoría de los negros permanecía
segregada por su falta de medios para cambiar sus condiciones de vida. Los
tumultos de los guetos expresaban las condiciones de privación extrema que los
negros pobres habían sufrido por siglos. Para que la igualdad de oportunidades
fuera efectiva, era preciso contrabalancear los efectos de cuatrocientos años
de opresión; los programas de ayuda y capacitación ofrecidos por los gobiernos
no eran suficientes.
El movimiento de
King, así como había despertado gran entusiasmo también había elevado las
expectativas de muchos jóvenes negros que después de años de marchas pacíficas
empezaban a sentirse impacientes frente a la falta de transformaciones más
profundas. A comienzos de la década de los 70 empezó a adquirir popularidad
Malcolm X. En los años 50, los Musulmanes Negros se expandieron rápidamente en
los guetos, reclutando fieles en los estratos más bajos. En sus primeros
tiempos de militancia, Malcolm X apoyó la completa separación organizativa de
los afroamericanos respecto de los blancos; sin embargo, en 1964 anunció su
ruptura con la Nación del Islam. Ese año, después de cumplir con el precepto
religioso de peregrinar a La Meca, viajó a África y se entrevistó con líderes
africanos. A su regreso fundó la Mezquita Musulmana, desde donde predicó a
favor de la decidida lucha contra los blancos opresores, pero dejando de lado
las diferencias religiosas y reconociendo la importancia de los vínculos con el
Tercer Mundo. Este giro no llegó a plasmarse ya que fue asesinado al año
siguiente, probablemente por orden de la dirigencia de la Nación del Islam. A
mediados de los años 1960, Stokely Carmichael, líder de la Comité Coordinador
de Estudiantes No Violentos, rompió con la línea de King para fundar el
Movimiento del Poder Negro, en pos de mayores reivindicaciones sociales y
culturales y adoptando una forma de actuar más beligerante. Carmichael
consideraba que el problema negro era una consecuencia de la estructura
capitalista americana, y que no podía ser resuelto a menos que una revolución
destruyera ese sistema.
El Partido de los
Panteras Negras fue fundado en octubre de 1966 por Huey P. Newton y Bobby Seale
en California. Ambos provenían, como Malcolm X, de los estratos más bajos, y
como él se propusieron organizar al “negro de la calle” para la defensa de sus
derechos y contra la opresión del sistema capitalista. Para los Panteras
Negras, esta opresión solo terminaría con la construcción del socialismo: «No
combatimos al racismo con racismo, lo combatimos con internacionalismo
proletario. […] Todos nosotros somos trabajadores y nuestra unidad debe
basarse en el derecho a la vida, la libertad y a la búsqueda de la felicidad».
La guerra de Vietnam
intensificó el radicalismo negro, dado el peso de los soldados de color entre
las tropas enviadas al campo de batalla. El momento álgido de la protesta negra
se alcanzó entre el verano de 1967, con revueltas en más de cien ciudades y el
asesinato de Martin Luther King, el 4 de abril de 1968. Varios meses después el
senador Robert Kennedy, opositor a la guerra de Vietnam, también fue víctima
mortal de un atentado, como su hermano. Estos homicidios marcaron el final de
una era al poner en evidencia la profunda y trágica brecha que atravesaba a la
sociedad estadounidense. Ninguno de los grupos del movimiento negro logró
consolidarse en el escenario político del país, en el que la alternancia entre
republicanos y demócratas continuó siendo la nota dominante.
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