sábado, 17 de diciembre de 2011

De La Coexistencia A La Distensión (1953-1975)

  

De La Coexistencia A La Distensión (1953-1975)

 

La coexistencia significó cierta disposición hacia el diálogo por parte de los Estados Unidos y de la Unión Soviética, aunque en los primeros años el avance fue lento y hubo momentos de alta tensión. Esta etapa aparece asociada a las figuras del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy y del primer ministro soviético Nikita Kruschev. A partir de 1953, en parte debido al giro de la dirigencia soviética después de la muerte de Stalin, se avanzó hacia una situación internacional más distendida. El término deshielo, título de una novela del ruso Iliá Ehrenburg ha sido utilizado para caracterizar la situación posterior a la desaparición del dirigente soviético.

Los principales signos del giro hacia la coexistencia fueron: la firma del armisticio entre las dos Coreas, los acuerdos de Ginebra en el caso de la guerra de Indochina en 1954, la reconciliación entre la Unión Soviética y Yugoslavia que culminó con la visita de Kruschev a Tito en 1955, y la firma del Tratado de Paz con Austria en 1955 que condujo a la evacuación de las tropas de ocupación. Sin embargo, la rivalidad subsistió en torno a la carrera espacial, la fabricación de armas cada vez más sofisticadas y la preservación del equilibrio de fuerzas militares, cuando en 1954 la República Federal de Alemania ingresó en la OTAN, la Unión Soviética respondió con la constitución del Pacto de Varsovia. Profundamente preocupados por los peligros que amenazaban a la humanidad en virtud de esta carrera armamentista nuclear, un grupo de científicos difundió a través de la prensa en julio de 1955 un documento que sería conocido como el Manifiesto Russell-Eisenstein.

En sus respectivas áreas de influencia, ambas potencias no dudaron en usar la fuerza contra gobiernos o movimientos que cuestionaban sus objetivos. En el caso de Moscú, las intervenciones del ejército soviético afectaron a los países satélites de Europa: en 1953 para acallar las huelgas obreras en Berlín y en 1956 para reprimir el movimiento de protesta en Hungría. Por su parte Washington promovió golpes de estado para derrocar a gobernantes de países del Tercer Mundo acusados de comunistas por haber aprobado medidas de carácter nacionalista, por ejemplo, al primer ministro iraní Mohamed Mossadegh en 1953 y al presidente de Guatemala Jacobo Árbenz en 1954.

El avance del deshielo estuvo cargado de ambigüedades y momentos de tensión. Desde mediados de los años 50 hasta comienzos de los 60 hubo tres crisis claves: una en Europa (la construcción del muro de Berlín en 1961) y dos en el Tercer Mundo (la guerra de Suez en 1956 y la instalación de misiles soviéticos en Cuba en 1962).

En la madrugada del 12 al 13 de junio de 1961, los pasajeros de un tren con dirección a Berlín fueron desalojados en la estación de Wannsee por tropas de la RDA. El tren fue devuelto a su lugar de origen, y a los pasajeros se les devolvió el importe del billete. En otras estaciones alrededor del sector occidental de Berlín ocurría lo mismo. Una hora antes, la radio oficial del Partido Comunista Germano Oriental había emitido un comunicado oficial con la propuesta de los gobiernos de los países del Pacto de Varsovia al gobierno de la RDA: hay que establecer un orden tal que obstruya el camino a las intrigas en contra de los países socialistas y que garantice una vigilancia segura en toda la zona de Berlín oriental. Tropas de la RDA levantaron los adoquines de las calles e instalaron alambradas de un extremo al otro de la calzada, unos metros por detrás de los carteles que anunciaban la entrada a los sectores aliados. Había comenzado la construcción del Muro de Berlín, calificado por los soviéticos como valla de “protección antifascista”.

El muro no sólo se instaló sobre el asfalto de la ciudad. Varias líneas de metro que cruzaban de una a otra parte de la ciudad fueron clausuradas. La división de Berlín había convertido al sector occidental en zona de avanzada del mundo capitalista en medio de la República Democrática Alemana y el milagro económico de la República Federal provocó desplazamientos de los alemanes orientales. Para impedir la emigración, en agosto de 1961 se inició la construcción de esta barrera de cemento de 5 metros de alto que se extendió a lo largo de 120 kilómetros, coronada con alambre de púas y vigilada desde torretas. El muro obstaculizó, pero no impidió, los intentos de los alemanes del este de llegar a Berlín occidental. Muchos murieron antes de cruzarlo.

La guerra de Suez, una acción militar coordinada entre Gran Bretaña, Francia e Israel contra el gobierno de Gamal Abdel Nasser por haber nacionalizado el canal fue decididamente desautorizada por Estados Unidos y la Unión Soviética y confirmó el declive de las potencias europeas al mismo tiempo que favoreció la influencia soviética en algunos países de Medio Oriente. La instalación de misiles soviéticos en Cuba marcó el punto más alto de fricción entre las dos superpotencias.

Con el triunfo de las fuerzas guerrilleras encabezadas por Fidel Castro en 1959, Cuba giró rápidamente hacia la órbita soviética. En un primer momento, el líder cubano fue más un nacionalista radical que un marxista. Sin embargo, la oposición estadounidense al programa de reformas encarado por su gobierno, lo impulsó a buscar la ayuda soviética. Estados Unidos rompió relaciones con Cuba, le declaró el bloqueo económico y apoyó la operación de desembarco en Bahía de Cochinos organizada por emigrados anticastristas en abril de 1961. Cuando en octubre de 1962, aviones espías norteamericanos U2 detectaron la construcción de rampas de misiles y la presencia de tropas soviéticas, Kennedy ordenó el bloqueo de la isla desplegando unidades navales y aviones de combate en torno a sus costas.

A lo largo de las negociaciones secretas, Kruschev dispuso la retirada de los misiles y los Estados Unidos se comprometieron a no invadir la isla y a retirar los envejecidos misiles que tenían apostados en Turquía. La tensión vivida condujo al reconocimiento de la importancia del diálogo directo, “el teléfono rojo”, entre la Casa Blanca y el Kremlin. El término distensión fue acuñado para distinguir al período en el que Moscú y Washington se mostraron dispuestos a colaborar en cuestiones de defensa y seguridad internacional. El diálogo que alcanzó sus mejores resultados entre 1968 y 1973 se centró básicamente en el tema del control de los armamentos nucleares. Con la firma del Tratado de Moscú en agosto de 1963, las dos superpotencias se comprometieron a prohibir las pruebas nucleares atmosféricas. Ni China ni Francia lo suscribieron porque estaban interesadas en contar con su propio programa de armamento y energía nuclear. En 1968, las dos superpotencias y otros 95 países (China, Francia e India no lo suscribieron) firmaron el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares que prohibía la fabricación y la compra de armas atómicas por países que carecieran de ellas y proponía un control internacional sobre la carrera armamentista y el uso de energía nuclear. En 1969 se iniciaron las negociaciones para la limitación de las armas estratégicas, una serie de tratados englobados bajo la sigla SALT[1] (Strategic Arms Limitation Talks), que condujeron a la firma en Moscú del Acuerdo SALT I. Este documento prohibió la instalación de sistemas de defensa antimisiles por considerar que la mejor garantía para mantener la paz era que ninguna de las superpotencias se sintiera segura. La Destrucción Mutua Asegurada, MAD (Mutual Assured Destruction), remite a la palabra loco en inglés, era la mejor forma de impedir el conflicto armado.

El Acta Final de Helsinki, en 1975, fue el punto culminante de la distensión. Los países firmantes reconocieron las fronteras surgidas de la Segunda Guerra Mundial, y además se reforzó la cooperación económica entre ambos bloques y todos los gobiernos se comprometieron a respetar los derechos humanos y las libertades de expresión y circulación de sus habitantes. En el marco de la distensión, el bloque comunista profundizó sus vinculaciones con el mercado mundial. La URSS necesitaba importar tecnología occidental y comprar cereales norteamericanos para garantizar la alimentación de su población. Cuando el aumento de los precios del petróleo, a partir de 1973, dio curso a grandes masas de capital buscando dónde invertir, los países de Europa del este, especialmente Polonia y Hungría, tomaron créditos baratos que incrementaron peligrosamente el nivel de su deuda externa. Mientras las superpotencias se embarcaban, con oscilaciones, en la vía del diálogo, las tensiones en el seno de cada bloque se hicieron cada vez más evidentes.

La posición dominante de la Unión Soviética fue cuestionada en los países satélites europeos, y China criticó abiertamente las directivas de Moscú. Tras la muerte de Stalin hubo protestas obreras en Berlín y Praga, que fueron rápidamente controladas. Las insurrecciones de 1956, en Polonia y Hungría, fueron más extendidas y condujeron a la intervención de Moscú, más velada en el primer caso y con envío de tropas en el segundo. La invasión de tanques soviéticos en Budapest en noviembre de 1956 resquebrajó la unidad del campo comunista al quebrantar la fe de sus militantes. Doce años después, Checoeslovaquia también sufriría la invasión dispuesta por los miembros del Pacto de Varsovia.

En el marco de la desestalinización y el avance de la distensión entre las superpotencias, China fue tomando distancia de la URSS hasta llegar a identificarla como el enemigo principal. Las críticas de Pekín a Moscú se plantearon básicamente en términos ideológicos: la coexistencia pacífica era una mera expresión del chovinismo ruso que de ese modo abandonaba la revolución mundial emergente en las luchas del Tercer Mundo. No obstante, en el distanciamiento de Mao pesó tanto la rivalidad entre los dos Estados nacionales comunistas (China no estaba dispuesta a ser un país de segundo orden sin energía nuclear) como el hecho de que el revisionismo de Kruschev favorecía la postura más moderada y economicista de los dirigentes comunistas chinos que cuestionaban el voluntarismo y el extremismo político de Mao. En 1960, el gobierno soviético suspendió la ayuda económica y retiró sus expertos de Pekín. Albania abandonó el bloque soviético para aliarse con China en 1962.

También Washington descubrió que parte de sus aliados europeos estaban dispuestos a seguir sus propios caminos. El presidente De Gaulle antepuso los intereses de Francia a las consideraciones ideológicas de la Guerra Fría y a los dictados de Washington. Rechazó que su país careciera de fuerza nuclear propia y retiró las tropas francesas de la OTAN. Ante la creciente debilidad del dólar, el gobierno francés convirtió en oro sus reservas en esa moneda, agravando su desvalorización. De Gaulle, además, buscó el diálogo directo con los gobiernos comunistas (reconoció a la China de Mao en 1964 y visitó la URSS en junio de 1966) y apoyó la unidad europea para avanzar hacia una Europa independiente de los Estados Unidos, pero advirtiendo que la potestad de los Estados nacionales no debía padecer los recortes de los organismos supranacionales. También Alemania, a partir del gobierno socialdemócrata de Willy Brandt, hizo política hacia la apertura al Este (Ostpolitik). En 1970 los dirigentes de las dos Alemania se encontraron por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, hecho que propició importantes lazos económicos y posibilitó el reconocimiento de la República Democrática Alemana por numerosos países occidentales. El acercamiento de Bonn a Polonia condujo al reconocimiento de la línea Oder-Neisse, que hasta entonces los alemanes occidentales no habían aceptado, como frontera entre ambos países.

En el marco de la distensión entre las dos superpotencias, el Tercer Mundo, un nuevo actor del escenario mundial que emergió a partir de la descolonización, sufrió de forma más intensa el impacto de la rivalidad entre Washington y Moscú de manera exponencial. Muchos conflictos internos e internacionales preexistentes en los nuevos países quedaron atados al enfrentamiento entre los dos bloques cuando las superpotencias consideraron que intervenir era conveniente para potenciar sus respectivos intereses estratégicos y/o cuando actores endógenos apelaron a la ayuda de alguno de los bloques en competencia. De ese modo, numerosos conflictos internos pasaron a ser sangrientos escenarios de la Guerra Fría.

En el marco de la desestalinización, Kruschev dio un giro respecto a la política de Stalin en el Tercer Mundo. En el marco de la creación de los nuevos Estados nacionales, el estalinismo privilegió apoyar a los débiles grupos comunistas, al mismo tiempo que denostó a los líderes nacionalistas como traidores y agentes del imperialismo. Kruschev en cambio, buscó acercarse a los gobiernos nacionalistas que se mostraban dispuestos a recibir la ayuda de la URSS para lograr el crecimiento económico y evitar una desmedida dependencia de las potencias occidentales. Esta orientación obtuvo sus mayores logros entre 1956 y finales de la década de los 70.

Por otra parte, Estados Unidos no dudó en promover golpes de estado a través de la CIA para derrocar a los gobiernos que pretendían llevar a cabo políticas nacionalistas, bajo el lema de que eran una avanzada del comunismo y vulneraban la democracia occidental. En el caso de América Latina, a partir de los años 70, en gran medida debido al impacto de la revolución cubana, al peligro comunista como causa de los obstáculos para afianzar la democracia se añadió la pobreza. En consecuencia, la administración Kennedy combinó los programas ampliados de contrainsurgencia con la Alianza para el Progreso para favorecer la modernización. Sin embargo, los fondos girados fueron muy inferiores a los prometidos, la Alianza estuvo muy lejos de reproducir el plan Marshall y, a pesar de esta ampliación del horizonte, siguió primando la concepción maniquea que consideraba las peticiones sociales como parte de la conspiración comunista.

Mientras tanto, los más impactantes cuestionamientos a la hegemonía de Estados Unidos se produjeron en el Tercer Mundo: el giro al socialismo de la revolución cubana y la guerra de Vietnam. La resistencia vietnamita a la ocupación japonesa en el norte del país hizo posible que, en 1945, Ho Chi Minh proclamase la independencia y la creación de la República Democrática del Vietnam. No obstante, las fuerzas francesas ocuparon el sur y pretendieron recuperar Indochina. Los intentos de acuerdos fracasaron y en 1946. Francia invadió Vietnam lo que desató una nueva guerra muy sangrienta que duraría cerca de 9 años.

En los Acuerdos de Ginebra firmados en 1954 con el aval de las principales potencias, Ho Chi Minh fue reconocido como presidente de la República Democrática de Vietnam. No obstante, el país quedó dividido por el paralelo 17º: al norte con un régimen comunista y al sur bajo el mandato del emperador Bao Dai. En dos años se convocarían elecciones para decidir la posible reunificación. Los comicios no llegaron a concretarse porque el gobierno del presidente Ngo Dinh Diem (en 1955 desplazó al emperador e instauró una república), con el apoyo de los Estados Unidos, denunció los Acuerdos de Ginebra en virtud de que habían sido aceptados por un mando militar extranjero (francés) “con menosprecio de los intereses nacionales vietnamitas” y pretendió convertir la división del Vietnam en un hecho definitivo. El número de vietnamitas que se desplazaron en uno u otro sentido ha sido diversamente valorado por los dos bandos, según sus intereses. El Norte, políticamente consolidado, quedó económicamente desequilibrado por el bloqueo impuesto por el gobierno del sur, región en la que se realizaba la gran producción agrícola, particularmente la del arroz. El gobierno del sur, con mejores perspectivas económicas, quedó marcado por severas crisis políticas internas y no pudo dominar las provincias del suroeste de la ex Cochinchina ni las del sur del ex Annam, en las cuales siempre había sido fuerte el movimiento de liberación nacional.

La sangrienta dictadura que instauró Diem incluyó la represión anticomunista junto con la de todos los sectores políticos y religiosos que no le fueran sumisos. El gobierno de la familia Ngo fue una combinación de sectarismo, furor anticomunista, nepotismo y corrupción. En diciembre de 1960, la oposición se consolidó con la creación del Frente de Liberación Nacional de Vietnam del Sur. Al año siguiente, el presidente Kennedy decidió enviar consejeros militares y profundizar la ayuda económica. ¿Por qué los EE.UU se involucró de manera tan impetuosa en esta trágica experiencia y con tan pobre evaluación de sus trágicos alcances? Desde el discurso de sus dirigentes se subrayaron dos objetivos: impedir el avance del comunismo y preservar la democracia. En nombre de la defensa de la democracia, Estados Unidos encabezó la más bárbara de las guerras contra un pequeño país recién independizado.

La brutal represión de los budistas en 1963 dio paso a grandes movilizaciones en pos de la caída de Diem, fanáticamente católico. Las inmolaciones de varios monjes budistas tuvieron una gran repercusión internacional y Washington decidió retirar su apoyo al presidente vietnamita. Según Kennedy no era posible ganar la guerra «a menos que el pueblo de su apoyo al esfuerzo y, en mi opinión, en los últimos dos meses, el gobierno ha perdido contacto con el pueblo». A través de la intervención de la CIA y las gestiones del embajador norteamericano en Saigón, se alentó el golpe de los militares vietnamitas que derrocaron a Diem, asesinado después de su captura en una iglesia católica, a principios de noviembre de 1963.

El 22 del mismo mes fue asesinado Kennedy en Texas, e inmediatamente su sucesor Lyndon B. Johnson anunció que su gobierno seguiría ayudando en Vietnam a derrotar al comunismo y confirmó en su cargo al Secretario de Defensa Robert McNamara, asesor clave a lo largo de su gestión. La situación política en Vietnam del sur fue cada vez más caótica: dos golpes de Estado y cuatro cambios de gobierno en 1964. No obstante, el presidente Johnson, el secretario McNamara y el propio Congreso estadounidense mantuvieron su compromiso con la ayuda económica y el envío de asesores militares. Ese año, después del controvertido ataque a dos destructores norteamericanos en el golfo de Tonkín por parte de lanchas torpederas norvietnamitas, fue aprobada la Resolución del Golfo de Tonkin que autorizó al presidente Johnson, sin una declaración formal de guerra por el Congreso, a trasladar fuerzas militares al sudeste de Asia.

En 1965 se puso en marcha la abierta agresión a Vietnam del Norte. El bombardeo constante de todo el país, sin discriminación de la naturaleza de los blancos (ciudades, aldeas, fábricas, escuelas, hospitales, iglesias, caminos, plantaciones) se llevó a cabo con una densidad trágica y desproporcionada. A principios de 1966 el Departamento de Estado Norteamericano informó que «se utilizaron procedimientos de defoliación y destrucción de cultivos en una zona de 8.000 Ha. sembradas, en Vietnam del Sur, a fin de privar de recursos alimenticios al Vietcong. Esa cifra no incluye las zonas defoliadas con herbicidas a fin de privar de protección a las fuerzas insurgentes». Simultáneamente, el Congreso concedió poderes especiales al presidente hasta el 30 de junio de 1968, para enrolar a dos millones de reservistas sin necesitar proclamar el estado de emergencia nacional. Según el arzobispo de Nueva York, monseñor Francis Spellman: «Toda solución que no sea la victoria es inconcebible […]. Esta guerra la hacemos, según pienso, para defender la civilización. Norteamérica es el buen samaritano de todas las naciones».

Sin embargo, desde 1966, la opinión pública mundial y los sectores cada vez más amplios de la sociedad norteamericana manifestaron de manera importante la indignación frente a lo que estaba ocurriendo en el sudeste asiático. El secretario de las Naciones Unidas, U. Thant, declaró el 21 de junio de 1966 que el conflicto de Vietnam “es una de las guerras más bárbaras de la historia”. En abril de 1967, Martin Luther King daba un sermón a favor del cese de los bombardeos. Pocos días después, el campeón mundial de boxeo de pesos pesados, Cassius Clay, rehusó incorporarse al ejército (por lo cual perdió su título de campeón y fue encarcelado) y declaró que: «En ninguna circunstancia llevaré el uniforme del ejército ni viajaré 16.000 km para ir a asesinar, matar, y quemar pobres gentes, únicamente para contribuir a mantener el dominio de la esclavitud de los amos blancos sobre los pueblos de color». En mayo de 1967, el Tribunal Russell, convocado por Bertrand Russell acompañado de destacados intelectuales de todo el mundo, condenó a los Estados Unidos por los mismos crímenes de guerra por los cuales éstos declararon culpables a los nazis en el juicio de Nüremberg.

Si bien la supremacía en armas de Washington era innegable, su ejército no podía impedir la infiltración comunista del norte ni tampoco neutralizar la resistencia del Frente Nacional de Liberación. El momento más difícil para los estadounidenses fue la llamada ofensiva del Tet, nombre que recibe el año nuevo lunar vietnamita. La operación militar, llevada a cabo por el Vietcong y el Ejército de Vietnam del Norte, se inició el 21 de enero de 1968 con el asedio de la base aérea de Khe Sanh ocupada por los marines. Durante los combates más de un millar de soldados estadounidenses perdieron la vida. La situación podría resumirse en una máxima de la estrategia militar: «un ejército regular pierde cuando no gana; una guerrilla gana mientras no pierde». Johnson se avino entonces a explorar la vía de la negociación. El 10 de mayo de 1968 se inician en París las conversaciones de paz entre delegaciones norteamericanas y norvietnamitas, estas últimas reclamaron la participación de representantes del Frente Nacional de Liberación de Vietnam en el Sur las que se sumaron a principios del año siguiente. La representación del FNL presentó el Plan de Paz de Diez Puntos que incluía la exigencia de la retirada incondicional de las tropas norteamericanas.

El gobierno republicano encabezado por Richard Nixon, sucesor de Johnson, ordenó el regreso de la mayor parte de los soldados estadounidenses, la llamada vietnamización del conflicto, pero al mismo tiempo intensificó los ataques aéreos contra Vietnam del Norte y encaró la destrucción del denominado Sendero Ho Chi Minh (la ruta de suministros de los comunistas) con lo cual extendió la guerra hacia Laos y Camboya. Los bombardeos masivos, el uso de agentes químicos y las acciones de extrema crueldad ampliamente difundidas por los medios de comunicación socavaron la imagen de Estados Unidos como país consubstanciado con los valores democráticos, uno de los pilares en que se asentaba su hegemonía. Al cabo de una compleja fase de negociaciones, durante la cual no cesaron los enfrentamientos militares, en enero de 1973 las delegaciones de Estados Unidos, Vietnam del Sur, Vietnam del Norte y del Gobierno Revolucionario Provisional (instalado en una porción de Vietnam del Sur por el FLN) aprobaron el cese del fuego y la retirada estadounidense de Vietnam del Sur. En marzo siguiente, los acuerdos se complementaron con otro que preveía la unificación de los dos territorios. Tras la retirada de las tropas estadounidenses, la guerra continuó por dos años más, hasta abril de 1975 cuando se consumó la victoria total del FLN con la toma de Saigón y la unión entre el Norte y el Sur, proclamándose la República Socialista de Vietnam en abril de 1976.

Después de abandonar Vietnam, el Congreso de Estados Unidos aprobó la War Powers Act[2], que limitó los poderes presidenciales a la hora de poner en marcha una intervención militar o una guerra. Es decir, un presidente no podía enviar tropas fuera del país durante más de 60 días sin consultar al Congreso y contar con su autorización. Con la retirada de las tropas norteamericanas también se instalaron regímenes comunistas en Laos y Camboya. No obstante, las rivalidades entre los países comunistas abrieron nuevas posibilidades a la superpotencia capitalista en Asia. En el marco de la ruptura sino-soviética, la política de Washington hacia China dio un giro rotundo. Hasta ese momento los Estados Unidos habían ubicado al régimen de Mao como un aliado incondicional de la URSS, encargado de promover el avance del comunismo en Asia. A finales de los años 70, el presidente republicano Nixon y su asistente especial para asuntos exteriores Henry Kissinger vieron la posibilidad de desplegar una diplomacia triangular (Washington-Moscú-Pekín). Según sus promotores, la instrumentación de negociaciones por separado con soviéticos y chinos daría mayor margen de acción a Estados Unidos y reforzaría su posición en las negociaciones de paz con Vietnam. El gobierno chino que ya había roto con la URSS, a finales de los años 60 propició decididamente el acercamiento a Estados Unidos que le posibilitaría salir de su aislamiento. Kissinger visitó China en 1971; meses después Pekín ingresó en el Consejo de Seguridad de la ONU. El acercamiento culminó con el viaje de Nixon a Pekín en febrero de 1972 y el reconocimiento de la República Popular China en 1979.


 



[1] En español: Conversaciones sobre Limitación de Armas Estratégicas.

 

[2] En español: Ley de Poderes de Guerra.

 

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